Descubre cómo el arte nos conecta con la naturaleza y nos invita a protegerla en la exposición internacional “Agua y Oxígeno para el Planeta”.

  Creo, como los kogui y los ika pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Colombia, que la Tierra está viva y que cada sonido en la montaña es un elemento de un lenguaje del espíritu; que cada objeto es un símbolo de otras posibilidades.

Si los chamanes kogui y los ika creen ser los únicos capaces de controlar las fuerzas cósmicas por medio de oraciones, ritos, cantos y conjuros para el bienestar de sus comunidades, yo, humilde descendiente de los hombres traídos desde África, oro con los chamanes en la distancia y canto ritmos verdeazules sobre el lienzo. Desde su sabiduría, conjuro en la obra a las fuerzas malignas y destructivas que están devorando su selva y otras selvas con la ferocidad del más terrible y devastador ser que habita la esfera azul del infinito universo: el ser humano.

Sueño con que nos unamos, con claridad y conciencia, a grupos nacionales e internacionales para la defensa del agua, el oxígeno y la biodiversidad, y así dejar este legado a las generaciones futuras.

Alberto Vélez Alvarez (Jaraba)

Alberto Vélez Álvarez, fue un pintor colombiano cuya obra debería ser patrimonio de la humanidad. Como antes hiciera Goya, en sus estragos de la guerra, Alberto retrata, con toda crudeza, los horrores del progreso. Él fue un adelantado a su tiempo, entendió que, sin el agua, sin las plantas no puede haber oxígeno y sin oxígeno no sobrevivirían los seres vivos, ni yo que escribo esto, ni tú que me lees en este mismo momento. Sus obras, que firmaba como “P. Jaraba”, reflejan su amor y fascinación por las selvas amazónica y del pacífico, lugares en los que vivió y en cuya defensa se comprometió, como se puede apreciar en cada centímetro de sus impresionantes lienzos, en donde, sus pinceladas cargadas de dolor son gritos que denuncian la destrucción de este ecosistema, son certeros disparos que apuntan a nuestras conciencias.

 Alberto, en su paleta y en sus lienzos, encerró su amor por la tierra. Fueron años, días y horas interminables en los que plasmó su legado. Se recluyó en su taller para pintar, con la tristeza de quien ha visto con sus propios ojos, cómo el planeta se extinguía ante nosotros. En su obra, la tierra se reverdeció, se avivó, fue talada y también incendiada, excavada y cultivada con cultivos que el hombre llamó ilicitos, todo a la par de una profunda sensibilidad en la que nos dejó su obra como un testimonio vivo.

Nos dejó una obra inmensa, que hoy honramos con cariño y desde la cual continuamos, en su nombre, una lucha silenciosa por la defensa del planeta.